El grabado establece un vínculo y una conexión, relaciona el tú y el yo, la matriz y el papel que se unen en una misma imagen que se trabaja, se araña y se escribe. Una imagen grabada para que perdure en el tiempo.

Jacques Derrida, señala en su libro La escritura y la diferencia (1967), que "hay una intención, la línea por sí sola no tiene significación le hace falta una segunda y más para darle expresión". Esa necesidad de unión entre una y otra línea es lo que da sentido a la matriz, en la que se forma una estructura entre las líneas que se entrecruzan, las que se alejan, las que se funden y las que necesitan de una distancia entre sí también. Esta unión toma su fuerza de la decisión y la pericia de las manos que dan al conjunto de líneas la armonía necesaria en el espacio y, por lo tanto, el enriquecimiento de la obra. Esa agitación, escisión, participación y tormento de la plancha en cualquiera de sus aspectos se traslada al papel y el tórculo que envuelve, serena, al fin muestra la esencia misma de la magia.


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